En el séptimo (again)
Entre desvelos y calor al final soñé algo.
Estaba en el séptimo en casa de mi abuela. El piso de siempre, el piso de recuerdo atávico.
Pedro, antiguo compañero de trabajo, ahora vivía en la casa. Me recibió de buen agrado y yo empecé a recorrer las habitaciones una a una. Esperaba encontrarlo todo como la última vez que lo ví. Los detalles del recibidor, la cocina, los espejos, el olor a agosto.
Todo parece tan atávico y lejano que la casa parece no existir en realidad. Es como si esos recuerdos o sueños pertenecieran a otra vida. Pero allí sigue el séptimo después de todo este tiempo. No sé si habrá cambiado, o si el águila disecada con el hierro en la cabeza seguirá observando el pasillo amenazadora.
Ahora recuerdo que en el sueño estaba dormiendo en la terraza pensando que nunca me hubiera imaginado pasar una noche allí. Es como si el sueño se extrañara de su propia incoherencia.
Tengo deseos de volver a entrar a esa casa y saber quién la ocupa en estos momentos, quizá se llame Pedro. Saber si hay cosas que siguen en el mismo sitio. Saber si el enpapelado de las habitaciones sigue siendo el mismo, tanta veces me perdí observando sus volutas. Y tantas otras cosas que me vienen a la memoria.
En el sueño la habitación de mi abuela estaba ocupada por mucha gente. Parecía un tipo de fiesta en la que iban ocurriendo todo tipo de sucesos surrealistas pensandos metículosamente para asombrar a los presentes. Pensé en ese momento que me gustaría hacer películas dónde ocurrieran cosas impredecibles con música de Massive Attack de fondo.
La habitación de mi abuela siempre me había dado reparo. Pocas veces había traspasado la puerta. El olor a orín era muy fuerte. Ahora en el sueño no entendía como Pedro podía dormir sobre aquel colchón.

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