lunes, septiembre 25, 2006

Dibujos en la roca

Estaba por esa zona conocida de Atavia. La bajada al pueblo abandonado. En la cueva de caliza dibujada había una pintada de 1997 que decía Méjico. La había hecho yo. Me pareció que había transcurrido tanto tiempo desde aquello que rompí a llorar. No entendía que hacía allí diez años después, diez años más viejo. Había otras pintadas: un antiguo graffitti que solía hacer cuando era adolescente. Muchas de ellas habían sido borradas o desdibujadas por el paso del tiempo. Yo también estaba desapareciendo como aquellos dibujos de la cueva. No quería desaparecer, no quería mirarlos recordándome el paso del tiempo. Recordándome que yo nunca podría ser la roca sobre los que estaban dibujados.
Encima de la cueva oí la voz de dos chicas. Me asomé con discrección y vi la cabeza de una de ellas. Iba en bici creo recordar. Una de ellas hacía parapente y la ví volar cerca de dónde estaba. El lugar había cambiado. Justo saliendo de la cueva se levantaba una ciudad con sus calles y comercios. Me perdí por sus calles. Pensaba en como había logrado sobrevivir la cueva entre tanto bullicio y construcciones.
Después era el guía de un grupo de gente que visitaban Atavia. Les dije que teníamos que partir por que nos quedaban muchas horas de caminata para llegar. Discutí con un miembro del grupo.
Un supermercardo.
Jugábamos a fútbol con globos en nuestra plaza de toda la vida.
Nunca seré inmortal por muchas pintadas que haga, pero quizá en otra vida las vuelva a ver y me pregunté otra vez que coño significa "1997 Méjico". El tiempo es un absurdo, pero contiene mi experiencia finita.

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