martes, julio 18, 2006

Nubes de pixeles

Era una especie de gimkama en la que todos estabamos haciendo pruebas. Sólo recuerdo una de ellas.
Consistía en acercarse lo más posible a un precipicio. Yo pensaba que la caída no sería vertical y tendríamos que bajarlo de culo o resbalando. Cuando me acerqué pude ver que tenía una caída vertical y al fondo se observaba algo urbanizado. Justo el filo estaba repleto de nieve para dificultar las cosas. Vi como mi hermana rebajaba la nieve y se sentaba en el borde con sumo cuidado. Pensé que estaba loca y que iba a caer. Al poco los asistentes empezaron a quejarse por la peligrosidad de la prueba y se suspendió. Me dirigí al organizador y le comenté que aquello era de locos por poner en peligro a la gente. Le dije que si le llega a pasar algo a mi hermana le hubiera matado sin contemplaciones.
De fondo mi padre tosía con persistencia. Escuché como decreció el número de toses que hacía. Primero cuatro. Después tres. Después dos. No pensé que lo hiciera conscientemente pero después tosió una vez y ya no lo volví a escuchar.
Mi hermana caía desde lo alto y del pelo le crecían unas pétalos enormes que hacían de paracaídas. Después yo era mi hermana y estaba cayendo. El suelo cada vez estaba más cerca e iba traspasando las nubes. Justo cuando pasaba entre ellas puse atención en su composición. Pude ver que estaban compuestas por pixeles. Intenté tocar uno que me llamó mi atención por ser de color gris. Parece ser que activé un mecanismo interno de la nube pues todos los pixeles empezaron a cambiar a color gris. Al poco empezó a llover torrencialmente. El cielo estaba completamente negro, iluminado a veces por relámpagos. En todo esto yo seguía cayendo y los rayos rozaban mi piel. Deseaba que uno me alcanzara y me dejara fulminado, pues prefería morir electrocutado que aplastado contra el suelo. Vi que otra persona también estaba cayendo pero más lentamente que yo. Parecía más ligero y tenía pinta de estar disfrutando con el viaje. Le miré el rostro fugazmente pero no pude distinguir su cara. Mi alegría fue inmensa cuando ví que el suelo estaba anegado de agua. La lluvía lo había inundado todo. Me preparé para la inmersión preguntándome si tendría el suficiente aire como para bucear hasta la superficie.

viernes, julio 14, 2006

En el séptimo (again)

Entre desvelos y calor al final soñé algo.
Estaba en el séptimo en casa de mi abuela. El piso de siempre, el piso de recuerdo atávico.
Pedro, antiguo compañero de trabajo, ahora vivía en la casa. Me recibió de buen agrado y yo empecé a recorrer las habitaciones una a una. Esperaba encontrarlo todo como la última vez que lo ví. Los detalles del recibidor, la cocina, los espejos, el olor a agosto.
Todo parece tan atávico y lejano que la casa parece no existir en realidad. Es como si esos recuerdos o sueños pertenecieran a otra vida. Pero allí sigue el séptimo después de todo este tiempo. No sé si habrá cambiado, o si el águila disecada con el hierro en la cabeza seguirá observando el pasillo amenazadora.
Ahora recuerdo que en el sueño estaba dormiendo en la terraza pensando que nunca me hubiera imaginado pasar una noche allí. Es como si el sueño se extrañara de su propia incoherencia.
Tengo deseos de volver a entrar a esa casa y saber quién la ocupa en estos momentos, quizá se llame Pedro. Saber si hay cosas que siguen en el mismo sitio. Saber si el enpapelado de las habitaciones sigue siendo el mismo, tanta veces me perdí observando sus volutas. Y tantas otras cosas que me vienen a la memoria.
En el sueño la habitación de mi abuela estaba ocupada por mucha gente. Parecía un tipo de fiesta en la que iban ocurriendo todo tipo de sucesos surrealistas pensandos metículosamente para asombrar a los presentes. Pensé en ese momento que me gustaría hacer películas dónde ocurrieran cosas impredecibles con música de Massive Attack de fondo.
La habitación de mi abuela siempre me había dado reparo. Pocas veces había traspasado la puerta. El olor a orín era muy fuerte. Ahora en el sueño no entendía como Pedro podía dormir sobre aquel colchón.