sábado, agosto 19, 2006

Cuevas

Recuerdo que estaba bordeando la Sierra con Txema. Él iba bastante por delante mío y yo intentaba alcanzarlo. Llegué a un punto en el cual el camino se hacia muy estrecho y finalmente se perdía. Estaba en la cresta de unas rocas. En frente mío había una cueva con dos ventanas de cristal y un cartel en una de ellas que decía: "Dos ventanas, dos ordenadores". Quería llegar a la cueva pero el acceso era bastante peligroso pues corría el riesgo de caer montaña abajo con todo el pedregal que allí había. Una vez más estaba como paralizado, cuidando mis movimientos al milímetro.
Txema estaba al otro lado y yo le preguntaba como demonios había pasado. Creo que ni él mismo lo sabía. Vi un pequeño hueco que conectaba con la cueva pero era imposible entrar por allí por muy delgado que uno fuera. Al final decidí atacar el escollo directamente por arriba. Una vez arriba me encontré con Txema y le pregunté si había entrado a la cueva. Al parecer él no tenía ni idea de la cueva. Encima de la llanura había una especie de instalaciones modernas. Freixenet tenía allí una planta procesadora. Pensé que ellos habrían utilizado la cueva con algún fin industrial y que de alguna manera estaría conectada con una entrada superior.
No recuerdo quien me mostró el camino, ni la entrada, pero al final me vi dentro la cueva con ventanas de cristal. Era una estancia muy pequeña con el suelo de tierra fracturada y seco. Me pegué a la ventana y observé el paisaje que me rodeaba. Parecía estar flotando en medio del cielo. Creí ver el mar a lo lejos. Pensé si la cueva sería lo suficiente resistente para aguantar mi peso. Pensé que podría dormir bien en ella.

Luego mi tío comentaba una historia acerca de su niñez cuando alguien le enseñaba una cueva desde la cual se podía ver el mar.